VERANO EN JAPÓN – DÍA 3 (Kyoto)

jueves 16 de julio

Se ven nubes negras en el cielo. Hoy tenemos planificado volver a otro lugar que ya vimos en nuestro viaje anterior: el Pabellón de Plata. Mientras el lugar preferido de Miguel en Kyoto es el Pabellón de Oro, el mío es el de Plata. Cuando lo visitamos por primera vez quedé maravillada con el hermoso jardín de arena blanca, su contraste con la vegetación que lo rodea, y con los paneles pintados por Yosa Buson y Taiga no Ike. Pero las nubes amenazan nuestro itinerario.  Agarramos los paraguas que el hotel ofrece gratis a quienes estamos alojados, y salimos hacia el noreste. Improvisaremos sobre la marcha.

Tomamos el mismo camino que recorrimos el primer día para ir al Santuario Heian, pero esta vez seguimos de largo y caminamos hasta Nanzen-ji, otro complejo con varios templos. Hemos elegido visitar el templo Tenjuan, donde hay un jardín de piedras y un hermoso parque con lagunas llenas de lotos en flor, y el Konchi-in, otro templo con jardines similares pero en el que hay también un pabellón donde cuelgan antiguas láminas con poemas del período Heian ilustrados con las imágenes de los poetas que los escribieron. Se pueden ver versiones antiguas —ya castigados por el tiempo— y reproducciones recientes  de cada uno de los poemas.

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También visitamos la enorme puerta de ingreso al complejo, a la que se puede subir para disfrutar una visión panorámica de todo el predio.

Se larga a llover. La lluvia no es fuerte y por momentos se detiene, pero tememos que empeore con las horas, por lo que decidimos renunciar al Pabellón de Plata, que se encuentra a una distancia considerable. Preferimos volver y quedarnos por la zona de Higashiyama. Queremos poder escapar rápido hacia el hotel si la lluvia empeora.

Nos han recomendado pasar algún día por Karako, un bolichito para comer que afortunadamente se encuentra cerca, a un par de calles de nuestro hotel. El ambiente es muy amigable, de esos lugares frecuentados por los locales. Su especialidad es el ramen, pero también sirven fideos soba fríos, una buena opción para el verano. Ramen para Miguel, soba para mí. Y ya hemos recargado energías, a un precio muy económico, para enfrentar el resto del día.

d 155. 16jul. Kyoto d 156. 16jul. Kyoto

Por la tarde nos dirigimos hacia el sur. Vamos hacia el barrio de Gion. Pero antes cruzamos el río y lo bordeamos. Quiero pasar por un shopping donde he leído que hay una sucursal de Tower Records. Tower Records en Japón todavía existe. Lo ha comprado una empresa japonesa, pero mantiene el nombre. La sucursal  de Kyoto es chica, ocupa un piso del shopping. Me compro el último disco de Miyavi y uno de Shiina Ringo. Miguel me espera un piso más abajo, donde hay una sucursal de Book-off, una cadena que vende libros y manga usados. Nos gustan las librerías. Disfrutamos el momento de revisar las bibliotecas, aunque la avalancha de kanji no maree, y nos cueste adivinar qué estamos revisando. En la sección de manga hay gente leyendo. Es común ver a personas paradas durante un largo raro frente a los estantes, leyendo un capítulo o incluso un tomo completo de manga.

Al otro lado del río está el barrio de Gion, o los barrios, porque en la zona de Gion hay en realidad dos barrios de geishas, a los que se suma un tercero, un poco más hacia el sur. Para cuando llegamos ya son cerca de las cinco de la tarde. Nos adentramos en el barrio con la esperanza de cruzarnos con alguna maiko en el camino. Verlas no es tan fácil. En nuestro viaje anterior las hemos visto en el teatro, durante el Miyako Odori, nunca en las calles. Pero si uno recorre el barrio de geishas después de las cinco, horario en que salen hacia las casas de té, puede llegar a tener la enorme suerte de cruzarse con una. En eso venimos pensando, cuando vemos una maiko caminando en nuestra dirección. Parece que flota sobre sus altas geta, envuelta en color. Lleva un paraguas de papel rojo. Pasa por al lado nuestro, le sacamos un par de fotos desde lejos, no queremos molestarla, y ella se mete en una de las ochaya de la calle.

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Después de recorrer el barrio, nos dirigimos a Shijo-dori, la avenida principal. Sabemos de una antigua tienda de dulces tradicionales de Kyoto que se llama Kagizen Yoshifusa.

Cruzando la avenida continúa el barrio de geishas. De ese lado, Ichiriki Chaya ocupa toda una esquina.  Es la casa de té más prestigiosa de Kyoto, establecimiento que tuvo un papel fundamental en la venganza de los 47 ronin y al que solo se puede acceder por recomendación. Pero la entrada al barrio se encuentra bloqueada por coches de policía y de bomberos. Al parecer se ha iniciado un incendio en alguna de las casas de té. Por otro lado, la lluvia se ha vuelto más fuerte. Es buen momento para buscar refugio y embarcarnos en una nueva aventura culinaria.

Detrás de la tienda de Kagizen Yoshifusa, hay una casa de té. La gente hace cola para sentarse y probar el kuzukiri, un postre tradicional muy popular en verano. Conseguimos mesa junto a un ventanal con vista a un pequeño jardín. No somos los únicos que pedimos kuzukiri. En todas las mesas se pide lo mismo. Cuando lo traen, nos resulta por lo pronto novedoso: fideos gruesos casi transparentes en agua con hielo. Vienen acompañados de un cuenco con almíbar de azúcar negro en el que se los moja antes de comerlos. Un postre no apto para los detractores de lo dulce.

d 233. 15jul. Kyoto-Gion d 241. 15jul. Kyoto-Gion

Cuando salimos de la tienda, el número de bomberos ha disminuido, pero la lluvia continua y se ha levantado viento. Aun así, cruzamos la avenida para recorrer algunas calles más y acercarnos al santuario Yasaka, antes de volver al hotel. Una nueva maiko, en una callejuela vacía, nos pasa por al lado y se pierde en la marea de turistas que recorren la calle más transitada del barrio.

d 257. 15jul. Kyoto-Gion d 265. 15jul. Kyoto-Gion

Nosotros seguimos  camino hacia el santuario, donde a las siete se va a representar —con motivo del Gion Matsuri— una obra de teatro Kyōgen, forma de teatro cómico que se remonta al siglo XIV, y  cuyos orígenes son incluso anteriores. Pero la lluvia, el viento que se hace más intenso y sopla de todos lados, y la gran cantidad de personas agolpadas frente al escenario nos hacen desistir de presenciar  la obra. Preferimos volver al hotel, pegarnos un baño en nuestro ofuro privado y recuperar energías para mañana.

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