VERANO EN JAPÓN – DIA 4 (Kyoto y Arashiyama)

viernes 17 de julio

La lluvia persiste, aunque con menos intensidad que anoche. Hoy, 17 de julio, las carrozas del Gion Matsuri abandonarán los lugares en los que estuvieron apostadas estos últimos días. Hoy es la procesión de carrozas. Comienza a las nueve. Una hora antes, las veredas ya están llenándose de gente, especialmente las esquinas. Son el mejor lugar para ver la procesión. Las ruedas de las enormes carrozas del Gion Matsuri no pueden girar en las esquinas, por lo que las carrozas deben ser giradas a pura fuerza. Nosotros nos hemos hecho de un lugar no muy lejos de una esquina. No estamos donde se da la acción, pero llegamos a verla, aunque sea a la distancia. Después de unos minutos de espera, aparece la primera carroza. Girarla por completo requiere tres enviones. Con cada uno, se escuchan suspiros y palabras de admiración: “¡sugoi!, ¡sugoi!”. Todos aplaudimos. Dentro vienen los músicos, y niños vestidos al estilo tradicional. En la primera carroza un niño elegido entre los hijos de las familias de mercaderes viste mantos shinto y lleva un ave fénix dorado en la cabeza. Es el encargado de dar comienzo a la procesión, para lo que ha realizado antes varias ceremonias de purificación.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Después de admirar la aparición de las dos primeras carrozas, nos encaminamos hacia la estación. Nuestro destino es Arashiyama, a unos quince minutos en tren del centro de Kyoto. En la estación, un cartel anuncia que las excursiones en barca por el río están canceladas por tifón. Ahora entendemos el comportamiento caprichoso del viento ayer. En Arashiyama no hay tanto viento, pero llueve fuerte. Aun así, decidimos quedarnos y visitar todo lo posible. Hay mucho para ver, de una punta a la otra no habrá más de una hora y media caminando, pero hay que agregar el tiempo que se dedique a cada uno de los muchos templos y lugares que hay para visitar en el camino.

Comenzamos por los jardines del templo Tenryuji, creados por el famoso monje y diseñador de jardines Muso Soseki. Los jardines están rodeados por un bosque de bambú al que se puede acceder desde el templo mismo. El paseo por el bosque es sobrecogedor. La lluvia resalta el verde de las cañas y ahuyenta a los turistas, que generalmente son muchos en esta zona. Tenemos todo el bosque de bambú para nosotros solos.

e 124. 17jul. Arashiyama-Kodaiji e 130. 17jul. Arashiyama

Cruzamos el bosque hacia la montaña donde hay varios templos para visitar. Los templos que salpican Arashiyama son muchos, y el tiempo es limitado, por lo que ya hemos hecho una selección previa. Poco después de salir del bosque de bambú, hay un templo conocido por sus jardines de musgo, el templo Gioji. En la puerta de entrada hay una foto que registra una visita de Yasunari Kawabata. Damos un paseo breve por los jardines. Se ha largado a llover más fuerte, por lo que nos refugiamos por unos minutos en el pequeño pabellón principal del templo. Somos los únicos visitantes, por lo que disfrutamos de la vista a través de los paneles corredizos y del sonido de la lluvia.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

No parece que vaya a parar de llover, así que nos decidimos a continuar camino a pesar del agua. En circunstancias normales, habríamos podido recorrer Saga-Toriimoto, una calle con tiendas y restaurantes que se destaca por sus edificaciones tradicionales, pero la lluvia ha espantado no solo a turistas sino también a comerciantes, y está todo cerrado.

Hacía el final de la calle se encuentran dos de los templos más impresionantes que hemos visto hasta ahora en  Japón. En el primero, Adashino Nenbutsuji, hay más de 800 estatuas de Buda dedicadas a aquellas personas fallecidas sin una familia que los recuerde, y cuyos cuerpos eran —hasta fines de 1800— abandonados en la colina donde se encuentra hoy el templo.

e 249. 17jul. Arashiyama-Adashino Nenbutsuji

Unos metros más al norte, el templo Otagi Nenbutsuji acoge más de 1200 estatuas de rakan, o discípulos de Buda. No hay una igual a la otra. Podríamos pasarnos horas recorriendo las lomas por donde se encuentran dispersas las estatuas, cada una con una expresión y una pose distinta, todas ellas cubiertas de musgo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De regreso a la estación, la lluvia —que hasta hace un momento sumaba a la magia de los templos— se torna un problema. Ahora que ya hemos concluido nuestro itinerario y no nos queda más que volver a la estación, la ropa mojada molesta, los pies empiezan a doler. Ahora que ya cae la tarde, no vemos la hora de llegar a nuestro alojamiento en el barrio de Hagashiyama: baño de inmersión, obento comprado en el supermercado, una cerveza Asahi. Y a disfrutar la última noche que nos queda en el machiya.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s