VERANO EN JAPÓN – DIA 5 (Hiroshima y Miyajima)

sábado 18 de julio

Hoy empezamos a usar nuestro pase de tren. Viajaremos hasta Miyajima, con parada en Hiroshima. Por suerte, ya validamos nuestro pase en Tokyo, ni bien llegamos. Una preocupación menos. El hotel lo pagamos por adelantado. La dueña nos dijo que el día de nuestra partida simplemente dejemos la puerta cerrada con clave y nos vayamos, y eso hacemos. Nos habría gustado despedirnos, pero para el horario en que dejamos nuestra casita, en la recepción todavía no hay nadie. Es muy temprano.

Dejamos la mayor parte de nuestro equipaje en lockers de la estación. En casi todas las estaciones concurridas de Japón hay lockers donde se pueden guardar bolsos y valijas durante tres días como máximo, siempre que no sean demasiado grandes. Un servicio muy cómodo para cuando uno quiere hacer escapadas relámpago a ciudades cercanas sin arrastrar peso. Nuestro plan en esta oportunidad es pasar una noche en Miyajima. Solo llevamos una muda de ropa, la cámara y la notebook con nosotros.

f 03. 18jul. Kyoto

Antes de buscar el andén que nos corresponde, vamos a la panadería. Tengo un hermoso recuerdo de una panadería de la estación de Kyoto de la que nos hicimos clientes frecuentes en nuestro viaje anterior. Entonces era primavera, y yo me había vuelto fanática de la pastelería de sakura (flores de cerezo). Ahora es verano, el sakura ha sido reemplazado por el melón y la uva. No estoy segura de que la panadería que encontramos esta vez sea la misma de hace cinco años, pero entramos igual. Factura de melón, té con limón (comprado en una de las tantas máquinas expendedoras que hay dando vueltas por las estaciones y por todas las veredas de Japón) y nos subimos a un tren hacia Hiroshima, donde tenemos pensado pasar la mañana.

Hiroshima está a dos horas en tren de Kyoto. Desde la estación se puede conectar con un tranvía a la zona del Parque de la Paz. Es una ciudad grande, pero silenciosa, especialmente la zona del parque, o no sé si acaso se trata de una sensación y el silencio lo llevo yo adentro. No visitamos museos, recorrer el parque y ver la Cúpula de Gembaku ya es lo suficientemente triste. Solo entramos a la Sala de la Memoria, una habitación circular cuyas paredes cuentan con tantos azulejos como víctimas de la bomba atómica. En una sala proyectan cortos con testimonios ilustrados de algunos de los supervivientes y afuera un monumento conmemora el horario de la explosión.

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Con lágrimas en los ojos, nos dirigimos a la zona del río, donde almorzamos a la sombra de unos árboles antes de encaminarnos hacia el Castillo de Hiroshima. El ambiente en la zona del castillo es distinto. El parque también es silencioso, pero se respira un ambiente más jovial. Varios actores vestidos con ropa tradicional reparten folletos para promocionar un espectáculo en el que se cuenta alguna historia samurái del pasado. Dentro del parque del castillo hay un santuario, donde compramos unos omikuji y los atamos como es tradición, para que se nos cumpla la buena fortuna o para ahuyentar la mala.

f 178. 18jul. Castillo de Hiroshima f 228. 18jul. Castillo de Hiroshima

Después de visitar el santuario y el castillo, regresamos caminando a la estación y seguimos viaje hacia Miyajima, considerada una de las tres vistas más hermosas de Japón. Llegamos a la isla apenas pasado el mediodía. Hemos hecho los cálculos necesarios para llegar con marea baja y poder acercarnos caminando hasta la base del torii del Santuario Itsukushima, que durante la marea alta es invadida por el agua.

No nos da el tiempo para entrar al santuario. Nos lo reservamos para mañana. Ya se acerca el horario de cierre y no queremos correr, así que nos contentamos con acercarnos al torii y conocer un poco el pueblo de camino al hotel. Vamos a pasar la noche en Mikuniya, un hospedaje de habitaciones tradicionales y baño compartido. Cuando hacemos el check-in, nos enteramos de que el precio de la habitación incluye uso de la cocina y de la comida que hay disponible en la heladera y en las alacenas, salvo por algunos productos congelados para los que piden, en caso de usarlos, una pequeña contribución.

También hay sala de estar con vista a un jardín interno, televisión, juegos tradicionales japoneses, libros, revistas y papel para hacer origami. Un lindo lugar que probablemente usaríamos de quedarnos más tiempo. Pero tiempo es justamente lo que no nos sobra, así que después de instalarnos en la habitación, decidimos volver a salir, y nos dirigimos nuevamente a la zona de la costanera, para ver el torii iluminado, ya con marea más alta. En el camino se nos acercan varios ciervos que buscan comida. Hay que tener cuidado con los ciervos. Si uno descuida la cartera se puede encontrar con un ciervo escarbando dentro y comiendo nuestros mapas, nuestros folletos o lo que sea que encuentre.

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Nos sentamos en un banco a admirar el santuario, el torii y los faroles de piedra que por la noche iluminan el camino a lo largo de toda la costanera. El santuario de Itsukushima y su magnífico torri rojo son, sin duda, dignos de verse a todo horario.

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