VERANO EN JAPÓN – DIA 7 (Valle de Kiso)

lunes 20 de julio

En la prefectura de Nagano hay un valle que bordea los Alpes Centrales de Japón. Por ese valle pasaba la antigua ruta Kisoji. Esta, a su vez, formaba parte de una red de rutas más grande, la ruta Nakasendo, uno de los dos caminos que allá por el 1600 conectaban Kyoto con Edo (conocida hoy como Tokyo).

h 71. 20jul. Magome

Hoy viajaremos hasta la zona para recorrer un pequeño fragmento de esa ruta, entre los pueblos de Magome y Tsumago, que se conservan como en la época en que servían de posta a los viajeros.

Si bien se puede pernoctar en cualquiera de los dos pueblos, en verano también es posible visitarlos en un día, aprovechando que hay más horas de luz . En nuestro viaje anterior ya aprendimos que si uno se mueve en tren, es preferible hacer base en un lugar, levantarse más temprano y viajar en el día, que ir arrastrando equipaje de un lado a otro. Y, asentados en Kyoto, eso es lo que tenemos planeado hacer durante los próximos dos días de nuestro viaje.

Si uno viaja al valle de Kiso en el día, tiene que ser cuidadoso con la conexiones, especialmente a la vuelta, y asegurarse de llegar a tiempo para tomarse el colectivo y conectar con los últimos trenes disponibles de regreso hacia Nagoya y Kyoto. Nosotros planificamos nuestra conexiones de tren con hyperdia y comprobamos los horarios de colectivos en la página de Japan Guide, una página con información muy útil no solo acerca de los principales atractivos de los distintos destinos turísticos sino también acerca de las vías de acceso y medios de transporte disponibles.

Para ir de Kyoto a Magome, donde comenzará nuestra caminata, se deben tomar dos trenes (con conexión en Nagoya) y luego un colectivo. El viaje dura aproximadamente tres horas. Llegamos a Magome recién pasadas las 11:30. Hace mucho calor, compramos unas bebidas en una máquina expendedora de la terminal de autobuses. Las máquinas en Magome están pintadas de marrón, para que no interfieran en el aspecto conservado del pueblo, y se encuentran casi todas cerca de la zona de la estación. En el resto del pueblo se ha intentado evitar toda irrupción de modernidad. No hay cableado, ni carteles plásticos, ni objetos metálicos que arruinen la vista.

 h 39. 20jul. Magome h 30. 20jul. Magome

Cruzando el pueblo en subida se llega al sendero que tenemos planeado recorrer. Pero antes encaramos hacia el lado contrario, donde sabemos que hay piedras conmemorativas en honor a dos de los grandes poetas de haiku: Matsuo Basho y Masaoka Shiki. Al igual que ocurriera con los Pabellones de Oro y de Plata, Miguel y yo también nos hemos repartido poetas. Él prefiere a Basho, mientras que mi poeta del haiku preferido es Shiki. Queremos asegurarnos de ver las dos piedras. Se llega atravesando campos de arroz. La vista es hermosa y, tanto a la ida como a la vuelta, nos detenemos para sacar fotos del paisaje y de las personas que trabajan en los arrozales.

Llegamos primero a la piedra de Shiki, que se eleva sobre los arrozales. Junto a ella hay un pequeño estanque.

h 44. 20jul. Magome-piedra de Shiki h 52. 20jul. Magome-piedra de Shiki h 53. 20jul. Magome-piedra de Shiki

Las blancas nubes
evocan mi largo paseo
entre hojas tiernas

La piedra de Basho, un poco más adelante y también acompañada de un estanque, no tiene inscripto un poema suyo, sino de otros poetas de la zona en su honor. Dice algo así:

h 62. 20jul. Magome-piedra de Bashou h 68. 20jul. Magome-piedra de Bashou

Despedir a los que parten
ser despedido al partir
Y ya es otoño en Kiso

De regreso en el pueblo, muertos de calor, nos refugiamos en las tiendas cercanas a la terminal de colectivos, para refrescarnos antes de iniciar la caminata hasta Tsumago. Compro unas geta, las típicas ojotas japonesas con dientes. Y una vez recuperados, iniciamos la marcha. Caminos de piedra, casas y bancos de madera, mucho verde y molinos de agua a lo largo del pueblo. En la oficina de información turística compramos un certificado que —una vez en Tsumago— nos sellarán como testimonio de nuestro recorrido. Justo antes del inicio el sendero, hay un antiguo tablero de anuncios, y un mirador con vista al valle.

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El sendero atraviesa el bosque, y corre paralelo a la ruta actual que recorre el valle. Por momentos podemos ver la ruta a un costado, y en cierto punto incluso tenemos que cruzarla, pero el resto del camino es a través del bosque. En el trayecto vemos varios montoncitos de piedras, apiladas cuidadosamente, unas sobre otras. En templos dedicados a Jizo (protector de los niños que murieron antes que sus padres) se suele apilar piedras para ayudar al alma de los niños a cruzar al más allá. Pero Jizo es también protector de los viajeros, por lo que también es frecuente ver piedras apiladas en senderos y rutas de trecking. Miguel y yo tomamos una piedra cada uno y las colocamos haciendo equilibrio en dos de las torres.

Recorrer el sendero lleva unas tres horas. La primera parte es en subida. Pero hemos decidido iniciar la caminata en Magome porque, una vez superada la primera hora, el resto del camino es casi siempre en bajada. Dentro de dos días vamos a ascender el Monte Fuji y no queremos exigirnos más de la cuenta durante los días previos.

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En la zona aparentemente hay osos. No vemos ninguno, pero en algunos lugares a lo largo del camino hay carteles de advertencia y campanas, que recomiendan tocar para ahuyentarlos.

Llegamos a Tsumago pasadas las 4 de la tarde. Nos queda poco más de una hora para recorrer el pueblo antes de tomarnos el colectivo de regreso. Tsumago nos gusta más que Magome. Hay menos gente. Es mucho más tranquilo, silencioso, y acaso más genuino. Magome, a pesar de su belleza, tiene el aire artificial de lo demasiado cuidado. Tsumago en cambio, es más natural, aun con la calle asfaltada. Los pobladores están decorando las fachadas con faroles de papel. Imaginamos que habrá un festival esta noche, o mañana.

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Sellamos nuestro certificado en la oficina de información y nos encaminamos hacia la parada de colectivos a tiempo para tomar el último y conectar con los trenes de regreso hacia Kyoto. Cuando llegamos ya ha oscurecido. Paramos en un konbini de camino al templo donde nos hospedamos, y compramos algo para cenar.

h 220. 20jul. Tsumago

Ha sido un día cansador. Para mañana tenemos planificado un día menos exigente. Queremos recuperarnos y guardar energías para nuestra aventura en el Monte Fuji, que ya se acerca.

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