VERANO EN JAPÓN – DÍA 10 (Monte Fuji)

jueves 23 de julio

Dicen que “aquel que sube el Monte Fuji una vez es un sabio, quien lo sube dos es un tonto”. Para cuando —pasadas las doce de la noche— llegamos a la octava base, estamos deseando haber resignado sabiduría. No es que estemos cansados. Según lo que leímos en varias crónicas, en la octava base (a 3400 metros sobre el nivel del mar) algunas personas ya empiezan a sentir los efectos de la altura. Nosotros venimos bien de aire, no estamos mareados, ni nos duele la cabeza. Pero estamos empapados y muertos de frío, especialmente yo, que lo sufro más que Miguel.

j 92. 22jul. Camino al Monte Fuji

Ni bien llegamos a la octava base nos cruzamos con un grupo que define cómo continuar. Al parecer, algunos de ellos no están dispuestos a seguir. Nosotros nos refugiamos bajo un techito, a la entrada de los baños, que varias personas más han elegido para escapar de la lluvia. Un grupo de jóvenes japoneses (uno de ellos en pantalones cortos, increíble) nos preguntan de dónde somos. Se entusiasman cuando les decimos que de Argentina, y nos dan un poco de charla.

La lluvia no parece que vaya a parar, así que nos acercamos a uno de los refugios y preguntamos cuánto nos saldría quedarnos unos minutos allí dentro. Nos dicen que si nos quedamos, aunque sea solo un rato, tenemos que pagar como si pasáramos la noche, y el precio “por persona” es el mismo que el de una habitación doble en cualquier lugar de Japón, así que decidimos continuar nuestro ascenso bajo la lluvia.

El camino por momentos se hace más escarpado, lo que dificulta la subida, especialmente en la oscuridad de la noche.  Nos lleva más de una hora llegar a la antigua octava base. Empiezan a surgir conflictos de intereses entre Miguel y yo. Él quiere detenerse y descansar, yo —con el frío que tengo y faltando solo dos bases para llegar a la cima— prefiero continuar. Ambos tenemos que ceder un poco, yo intento aguantar el frío y Miguel, viéndome temblar y moverme nerviosa de un lado a otro, accede a continuar viaje antes del tiempo que teníamos planificado para aclimatarnos a la altura.

Ya empezamos a ver a alguna que otra persona usando los tubos de oxigeno que se venden al iniciar el ascenso o en los refugios a lo largo del camino. Nos alienta el hecho de que nosotros no estamos sufriendo para nada la altura.

Llegamos a la novena base pasadas las tres de la madrugada. El torii que marca el inicio del último tramo, nos da una inyección de energía. Lamentablemente es imposible inmortalizar este momento con una foto, la oscuridad y la lluvia no lo permiten.

Venimos bien de tiempo, deberíamos llegar a la cima antes del amanecer. Prácticamente no  nos detenemos en la novena base y continuamos nuestro camino hacia la cima. La alcanzamos en el horario previsto, pero del sol no hay ni noticias. Generalmente se lo puede ver asomarse sobre un colchón de nubes, pero hoy las nubes no están debajo de nosotros… nos rodean por completo. Desde un refugio nos invitan animosamente a pasar. Se puede ingresar sin cargo. Solo se paga lo que uno consuma. Tiene latas de té verde y café calentándose en recipientes de agua hirviendo. Compramos dos. Nos piden que nos cubramos las manos con las mangas de nuestros buzos para pasarnos las latas, para que no nos quememos. Usamos las latas para entrar en calor hasta que alcancen una temperatura que nos permita tomarlas. No puedo dejar de temblar. Miguel se preocupa un poco, me ve violeta, pide una porción de udones para mí.

j 96. 23jul. Camino al Monte Fuji j 99. 23jul. Camino al Monte Fuji

Teníamos planificado dar toda la vuelta al cráter, pero no le vemos mucho sentido. El único indicio del amanecer es la espesa niebla blanca que ha reemplazado a la negrura de hace unos minutos. No hay muchas posibilidades de disfrutar del paisaje. Aun así, cansados como estamos, pasados por agua, sin amanecer y sin cráter, no nos arrepentimos de haber subido. Ha sido una aventura inolvidable, una experiencia única que nos alegra haber vivido.  Una experiencia que en realidad todavía no ha terminado.

j 105. 23jul. Camino al Monte Fuji

La lluvia persiste y ya hemos pasado casi una hora en el refugio, así que decimos iniciar el descenso. Antes hacemos sellar nuestro bastón en el santuario, porque en la cima del Monte Fuji hay un santuario. Donde hay torii, hay santuario.

j 103. 23jul. Camino al Monte Fuji j 104. 23jul. Camino al Monte Fuji

Toda la primera parte del descenso es común a dos de los senderos disponibles para subir el Monte Fuji, el nuestro y el sendero Subashida. A la altura de la octava base, el sendero se bifurca. Hay que tener cuidado de no tomar la ruta equivocada, porque uno puede terminar en la quinta base del sendero Subashida, y la única manera de llegar desde ahí hasta la base de nuestra ruta de ascenso es volviendo a subir el Monte Fuji hasta el desvío y continuar por el camino correcto o tomándose un taxi, y los taxis en Japón no son baratos.

Una vez que ya pasamos el momento crítico, podemos continuar tranquilos, sin miedo a perdernos. A medida que bajamos, el cielo se empieza a despejar, las nubes parecen acompañarnos en el descenso, pero van a mayor velocidad. Las tenemos debajo. En el camino recogemos un par de piedras volcánicas de recuerdo y disfrutamos del paisaje que no pudimos ver a la subida. Al principio todo es rojo pero a medida que uno baja la ladera se va llenando de verde.

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El descenso nos cuesta más que la subida. Nos sentimos agotados y no vemos la hora de llegar a la quinta base, ponernos ropa seca y tomarnos nuestro colectivo hacia Kawaguchiko. Nos llena de alegría ver que nos acercamos a la zona boscosa previa a la base.  Sacamos fotos a los árboles inclinados por el viento y reconocemos un claro en el bosque que hemos cruzado al subir. Ya nos quedan pocos metros.

j 114. 23jul. Camino al Monte Fuji

Ya en la quinta base, después de cambiarnos (qué placer ponerse ropa seca), nos tomamos el colectivo hacia la estación de Kawaguchiko, donde conectamos con un tren hacia Tokyo. Dormimos todo el viaje.

Llegamos a Tokyo al medio día. Tenemos reserva de hotel en la zona de Shinjuku. Nuestro hotel está muy bien ubicado, a unos pocos metros de una estación de tren por donde pasa una línea que rodea la ciudad y que para en casi todas las estaciones principales. Lamentablemente el hotel no tiene lavarropa y secarropa, como muchos business hotels de Japón, ni servicio de lavandería. Secar todo lo que traemos empapado de nuestra aventura en el Monte Fuji va a ser complicado. Lavaré y secaré por tandas, en el baño… qué remedio.

Habiendo llegado tan temprano a Tokyo, aunque ya casi no nos quedan energías, nos resistimos a desperdiciar toda la tarde. Así que, después de pegarnos un baño y de dormir una breve siesta, salimos a recorrer un poco la zona de Shinjuku. Miguel se mete en una de las sucursales de Kinokuniya, una de las cadenas de librerías más importantes de Japón. Yo me acerco a Disk Union, una tienda de discos usados. No encuentro nada de lo que tenía planeado comprar, pero me llevo un CD de P’EZ, regalado. Luego me reúno con Miguel en la librería. Sigue mirando libros, pero no se decide por nada. Yo me llevo los cuatro tomos de Uta Koi, una manga que narra la historia de varios de los poetas más importantes del período Heian y de los acontecimientos —aunque bastante novelados— que inspiraron algunos de sus poemas incluidos en el Hyakunin Isshu (una de las antologías más importantes de poesía clásica japonesa).

Yo feliz con mi compra, Miguel con las manos vacías y quejándose de que las novelas de Kawabata no se consiguen en tapa dura, volvemos al hotel, no sin antes hacernos de nuestros bentos para la cena. Estamos molidos. Esta noche toca acostarse temprano.

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