VERANO EN JAPÓN – DÍA 11 (Tokyo)

viernes 24 de julio

Este es nuestro segundo viaje a Japón. Ya hemos estado en todos los lugares que no pueden faltar en una primera visita a la capital: la torre de Tokyo, la ciudad eléctrica, los barrios de Shinjuku y Shibuya, el teatro Kabukiza en Ginza, la zona más antigua de Asakusa. Tenemos pensado volver a algunos de esos lugares, pero también queremos agregar otros que se alejan de los circuitos más frecuentes.

Hoy empezaremos por tomarnos un tren a Ushiku, una ciudad que se encuentra más o menos a una hora de Tokyo y donde solo hay una cosa para ver. Esperamos que su tamaño compense la falta de otros atractivos. En Ushiku conectamos con un colectivo. Hay que ser cuidadoso con los tiempos, porque no pasa con mucha frecuencia.

Ya en el colectivo, de camino a nuestro destino, miramos ansiosos por la ventanilla, buscamos a ambos lados de la ruta, hasta que por fin aparece: a lo lejos, el enorme Daibutsu de Ushiku se alza sobre la copa de los árboles.

k 01. 24jul. Ushiku Daibutsu

¿Cuánto se imaginan que mide esta estatua? Bueno, piensen en un número incluso mayor. El Daibutsu de Ushiku mide 120 metros. En algún momento se le otorgó el Record Guinness a la estatua más grande del mundo. Hoy es la estatua más alta de Japón, y la tercera en el mundo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El buda está rodeado de un gran parque con flores, que al parecer es especialmente bello en primavera, estanques y un cementerio budista. Es posible entrar y recorrer un par de pisos a la altura del pecho de la estatua, donde se exponen fotos de su construcción, una habitación llena de figuras de Amida Buda y una réplica en tamaño real de uno de sus dedos gordos. Para que se hagan a una idea, yo apenas paso la altura del dedo.

k 52. 24jul. Ushiku Daibutsu k 61. 24jul. Ushiku Daibutsu

Es posible recorrerlo todo en poco más de una hora, así que al mediodía ya estamos regresando a Tokyo. Tenemos pensado pasar la tarde en la zona de Odaiba, pero antes hacemos una parada en el barrio de Shinagawa, otro lugar alejado de los circuitos turísticos más habituales.

En Shinagawa hay un templo (el Sengaku-ji) que no es particularmente llamativo, pero que alberga las tumbas de un grupo de guerreros samurái de los que probablemente muchos hayan oído hablar: los 47 ronin. La historia es larga. Quizás algún día le dedique una entrada exclusiva, porque es muy interesante. Pero, a grandes rasgos, se trata de 47 guerreros samurái que —tras la muerte de su daimio, que fue obligado a cometer seppuku— se vieron convertidos en ronin (samuráis sin señor) y decidieron vengar la muerte de su líder. La planificaron y prepararon durante más de un año medio, plenamente conscientes que su venganza les significaría la muerte. Efectivamente lograron vengarse, y luego se quitaron la vida en una ceremonia de seppuku. En realidad solo 46 lo hicieron. Uno de ellos fue perdonado, pero en el templo hay una tumba en su honor, junto a la de otro ronin a quien, a pesar de su insistencia, su familia no le permitió participar en la venganza. Así es que la cantidad de tumbas dedicadas a los ronin en el Sengaku-ji en realidad asciende a 48. Hoy, los 47 ronin son considerados héroes e incluso hay un festival en su honor, el 14 de diciembre.

Cuando llegamos al cementerio, un grupo de mujeres entregan ofrendas a los ronin. Colocan incienso en cada una de las tumbas. Antes de irse, una de las mujeres se acerca y me da un cuenco de bambú con barras de incienso prendidas. “Para que se las entreguen de ofrenda”, me dice. Y me explica que hay que colocarlas de a tres.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Enormemente agradecidos con las señoras y emocionados con la experiencia que acabamos de vivir, nos encaminamos hacia la estación del tren que nos llevará a Odaiba. Nos bajamos en la estación donde se encuentra el emblemático edificio del canal de televisión Fuji TV. Paseamos por la costanera y luego nos dirigimos hacia donde se encuentra otro coloso que estamos deseosos de ver: el famoso Gundam de Odaiba. Convengamos que no es tan grande como el Daibutsu que vimos esta mañana, su altura apenas alcanza la de la base del buda, pero uno no puede irse de Odaiba sin ver el Gundam.

k 162. 24jul. Tokyo - Odaiba k 167. 24jul. Tokyo - Odaiba k 169. 24jul. Tokyo - Odaiba

Empiezan a caer algunas gotas. Es buen momento para refugiarse en uno de los tantos centros comerciales que hay en la zona. Ya tenemos uno en vista, donde se encuentra un museo muy original que queremos visitar: el Trick Art Museum. Se trata de un museo interactivo, de arte con efectos ópticos, donde uno se mete en la obra y pasa a formar parte de ella. Muy divertido. Es indispensable ir con cámara.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Pasamos más de una  hora dentro del museo. Miguel ya empieza a fastidiarse, no por el museo sino porque arrastramos cansancio de nuestro ascenso al Monte Fuji, nos duelen las piernas. Quizás cargué demasiado el día de cosas, especialmente teniendo en cuenta la intensidad del día anterior. Y todavía nos queda una actividad pendiente. La última sala del museo la recorremos rápido y salimos hacia la estación. De camino, volvemos a pasar por el Gundam, para verlo iluminado.

k 225. 24jul. Tokyo - Odaiba - Gundam

Antes de regresar al hotel hacemos una parada en Ginza, no para recorrer el barrio, que ya conocemos, sino para cenar. Allí se encuentra una de las sucursales de una cadena de restaurantes temáticos dedicados a Alicia en el País de las Maravillas. El de Ginza se llama Alicia en el laberinto. Como ocurre con muchos restaurantes en Tokyo, no se lo ve desde la calle, salvo que uno mire para arriba. Está en uno de los pisos superiores de un edificio y se lo distingue únicamente por las ventanas decoradas con imágenes de Alicia.

k 285. 24jul. Tokyo - Ginza k 234. 24jul. Tokyo - Ginza - Alice in Wonderland

La entrada al restaurante es un laberinto, cuyas paredes son páginas del libro de Lewis Carroll. Cuando entramos nos dan vinchas. Podemos elegir entre orejitas de conejo o una vincha celeste con el moño de Alicia. Nos acompañan luego a una mesa. Las mesas son cartas de pocker, a nosotros nos toca el diez de corazones. Hay cartas también en el techo, muchos espejos y lámparas decoradas con tasas y sombreros. Ni los baños tienen desperdicio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Una chica vestida de Alicia nos trae la carta (una hermosa carta tridimensional) y una campana para que la llamemos cuando hayamos elegido qué pedir. Nos trae luego una entrada con un cartelito que dice “Eat me” y nos advierte que si comemos, podemos achicarnos. Las comidas también vienen decoradas en alusión a personajes y escenas de la novela.

Después de comer, nos apuramos para llegar a la estación antes de que se haga demasiado tarde. Es viernes por la noche, las calles están llenas de gente en traje que ha salido a tomar algo después del trabajo. Muchos corren para tomar los últimos trenes. Varios van tambaleándose. En el viaje de regreso llegamos al acuerdo de que revisaré el itinerario para los próximos días. Al parecer, me he excedido un poco hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s