VERANO EN JAPÓN – DÍA 14 (Tokyo y una pasadita por Aomori)

lunes 27 de julio

Hoy no vamos a pasar todo el día en Tokyo. Solo la mañana. A media tarde nos tenemos que tomar un tren hacia el norte y el resto del día transcurrirá viajando. Por suerte, en el hotel nos guardan las valijas hasta el horario en que sale nuestro tren.

Si ayer fue un día de fiebre consumista, hoy Miguel sale temblando a la calle: ya sabe adónde vamos. Me espera Tower Records, en Shibuya. En Japón Tower Records todavía existe, fue comprada por una empresa japonesa pero mantuvo la marca, con sucursales en varios lugares del país. Pero la de Shibuya, de nueve pisos, es la más grande… y yo me voy a asegurar de recorrer todos los pisos donde se venda música japonesa.

n 07. 27jul. Tokyo- Shibuya-Tamatsukuriinari Shrine

Pero antes tenemos pensado desviarnos un poco para visitar otro lugar. De la estación de Shibuya caminamos hasta dos santuarios que se encuentran enfrentados sobre la misma calle, uno dedicado a Hachiman, dios de la guerra y de la agricultura, y el otro a Inari, deidad de la fertilidad y del arroz, entre otras cosas. Y digo deidad porque no sabemos qué sexo tiene Inari. A veces se la representa como una mujer, a veces como un hombre, a veces con un aspecto andrógino. En cualquier caso, su emisario es el zorro, por lo que se pueden ver las típicas estatuas de zorros que hay en todos los santuarios dedicados a Inari.

Volvemos hacia la estación y nos acercamos a la salida donde se alza la estatua de Hachiko, el famoso perro  que —tras la muerte de su dueño— ya nunca abandonó la estación donde lo esperaba todas las tardes a que volviera del trabajo, y siguió esperando hasta el día en que también él murió. Hay otra estatua de Hachiko en la universidad de Tokyo. Esa no la hemos visto, pero sabemos que representa el reencuentro entre ambos.

n 23. 27jul. Tokyo- Shibuya

Dos niños se nos acercan y nos preguntan si hablamos inglés. Les decimos que sí y entonces no piden permiso para hacernos algunas preguntas como tarea para su clase de inglés. Luego discuten a ver quién nos preguntará, pero la discusión no dura mucho. El tema se soluciona como siempre se solucionan esas cosas en Japón: “Jan-ken-pon”. Piedra, papel o tijera, y ya está definido el afortunado. Aunque el ritual del jan-ken-pon acaba por perder todo sentido, cuando después de responder a todas las preguntas, terminamos respondiéndolas nuevamente para el segundo niño, que se ha quedado esperando a un costado. Un maestro el chiquito. Se nos acerca tímido: “¿ahora les puedo preguntar yo?” Y acabado el ejercicio, se despide de nosotros diciendo “I like Messi!”

Cruzamos la avenida por el Scramble  Kōsaten, el emplemático cruce de Shibuya, pero en este horario no se encuentra tan abarrotado de gente como en otros momentos del día. Del otro lado, el acceso a la calle peatonal Sentā-gai todavía tiene colgada la decoración de Tanabata (la fiesta de las estrellas) que se celebró a principios de julio.

n 25. 27jul. Tokyo- Shibuya

A unas tres o cuatro cuadras de la estación está el edificio de Tower Records. Nuestra experiencia  puede resumirse en la siguiente imagen: yo metiendo discos sin control en mi canasto de compras y tachándolos de mi lista de “buscados” y Miguel a un costado mirando horrorizado, sobre todo al momento de pagar. Prefiere alejarse para no escuchar el precio. Pero bueno, no siempre se pueden comprar discos japoneses… y es que, al margen de que me guste la música japonesa, el arte de cubierta de muchos discos en Japón es hermoso. Ya hablaré de las ediciones especiales en alguna otra entrada.

n 38. 27jul. Tokyo- Shibuya n 43. 27jul. Tokyo- Shibuya

Antes de volver a la estación pasamos por una librería (Miguel sigue sin encontrar a Kawabata en tapa dura) y por una sucursal de Mandarake, una cadena que vende manga usado. Estoy buscando tres títulos que no he podido conseguir en ninguna de las librerías por las que hemos pasado hasta el momento. A probar suerte en Mandarake, entonces.

n 49. 27jul. Tokyo- Shibuya n 47. 27jul. Tokyo- Shibuya

La sucursal de Shibuya está en un subsuelo. Es una cueva oscura, y todas las primeras estanterías están cargadas de BL (Boys Love), en cantidades asombrosas. Pero a tranquilizarse… hay que caminar hasta el fondo, y ahí el mundo cambia por completo. Es al fondo donde se encuentra todo el resto de los géneros de manga y, como era de esperarse, tienen los tres títulos que estoy buscando. Puede que sean usados, pero se ven como si no los hubieran abierto nunca.

A las 15:30, después de buscar nuestro equipaje en el hotel, tenemos que tomar un tren a Omiya, en Saitama, para conectar con el Shinkansen a Aomori. Ya tenemos reserva de asiento en todos los trenes de larga distancia que usaremos de aquí en más. Cuando uno viaja hacia el norte, es conveniente hacer reserva de asientos con anterioridad, especialmente en temporada de festivales, porque en algunos trenes de alta velocidad no se puede viajar sin reserva de asiento, y si uno lo deja para último momento, puede quedarse abajo. Reservar significa simplemente pedir que ten den un número de asiento. Los que viajamos con el pase de JR no pagamos ningún adicional.

En la estación de Omiya donde tomaremos el Shinkansen, compramos un ekiben. Los ekiben son meriendas (bentos) pero de los que se compran en las estaciones (eki). Algunos vienen en cajas muy lindas, envueltas en papel decorado. La variedad es enorme. Suelen ser distintos dependiendo de la zona en que uno se encuentre, porque algunos incluyen comidas locales y bentos propios de la estación del año.

n 54. 27jul. Tokyo- camino a Hokkaido n 57. 27jul. Tokyo- camino a Hokkaido

Llegamos a Aomori al anochecer. Nos queda algo de tiempo hasta nuestra conexión, así que damos unas vueltas por la ciudad. Caminamos por la costanera y entramos al museo del Nebuta Matsuri. Ya no hay actividad y las luces están apagadas, pero se puede entrar al hall principal y algunas carrozas pequeñas de festivales pasados, que quedaron expuestas en el museo, permanecen encendidas.

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Luego recorremos la calle principal y pasamos por una especie de patio de cerveza al aire libre, montado a la entrada de un grupo de bares y restaurantes. Unos jóvenes japoneses nos gritan desde una mesa, “¡Aruzenchin! ¡Aruzenchin!” y nos saludan con entusiasmo. Hemos comenzado a notar que gozamos de una gran popularidad cuando Miguel lleva puesta la remera de la selección argentina de fútbol.

n 88. 27jul. Tokyo- Aomori

Se nos acaba el tiempo de espera en Aomori. En unos pocos minutos tendremos que pasar a buscar nuestro equipaje por los lockers y tomarnos otros dos trenes más. Esta noche dormimos en el tren, viajando hacia el centro mismo de Hokkaido.

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