VERANO EN JAPÓN – DÍA 19 (Osorezan y Asamushi Onsen)

sábado 1 de agosto

Desde que Hayashi Gahō, un académico confuciano, diera a conocer a principios del 1600 su lista de las tres vistas más espectaculares de Japón (el Nihon Sankei), los japoneses tienen la costumbre de hacer listas de “los tres mejores”. El Nihon Sankei, con el que se inició esta costumbre, incluye las vistas de Miyajima, Amanohashidate y Matsushima. Pero hay muchas listas más. Solo por nombrar algunas, tienen listas de las tres vistas nocturnas más bellas, los tres castillos más famosos, los tres mejores festivales y los tres montes sagrados más importantes, entre los que se encuentra —naturalmente— el monte Fuji. Incluso tienen identificados los tres árboles de cerezo más impresionantes y los tres lugares más decepcionantes de Japón. Entre todas estas listas, hay una que menciona los tres lugares más sagrados. Son también montes, pero a diferencia del Fujisan, no es el monte en sí lo sagrado sino lo que en ellos se conserva. En nuestro viaje anterior visitamos uno de estos lugares, el Monte Hiei en Kyoto, aunque entonces no sabíamos que lo era. Los otros dos son el Monte Kōya y el Monte Osore. Hoy visitaremos uno de estos dos últimos.

Después de un generoso desayuno incluido en la tarifa del hotel, cruzamos la calle hasta la estación y nos tomamos un tren con destino a Osorezan. En realidad serán dos trenes y un colectivo. Dos horas y media de viaje para una visita que probablemente nos lleve poco más de una hora, pero estamos seguros de que valdrá la pena.

s 1. 01ago. Osorezan s 2. 01ago. Osorezan

Y cuando el colectivo se para en la entrada al templo Bodaiji en el Monte Osore, confirmamos que efectivamente no habrá de qué arrepentirse. A un costado de la puerta al templo, seis estatuas de Jizo se recortan contra el cielo despejado. Y frente a ellos giran cientos de molinetes de viento de colores. El Monte Osore es considerado la puerta al otro mundo. El terreno donde se emplaza el templo está rodeado por siete picos, que representan la flor del loto del mundo de Buda. Es un área volcánica en la que hay dispersos 108 estanques de barro y agua hirviendo, que simbolizan las 108 tentaciones terrenales y los infiernos relacionados con ellas. En contraste, un lago y su playa de arena, sugieren la tranquilidad y la belleza del paraíso budista. Es a este lugar que vendrán las almas de los muertos, para intentar cruzar el río Sanzo y llegar al paraíso.

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Fue descubierto hace unos 1200 años por Ennin (también conocido por su nombre póstumo Jikaku Daishi), que estaba estudiando budismo en China cuando un monje sagrado se le apareció en sueños: “De regreso en Japón, camina hacia el Este. Encontrarás un monte sagrado a treinta días caminando de Kyoto. Levanta una imagen de Jizo y propaga el budismo”. Y así ocurrió. Un vez en Japón, el monje recorrió varias provincias buscando aquel lugar que se le había presentado en sueños, hasta que dio con el Monte Osore.

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El templo está dedicado a Jizo, el protector de los niños que nunca llegaron a nacer o que murieron muy pequeños. Según la creencia, las almas de estos niños no pueden cruzar el río al otro mundo, como castigo por el sufrimiento causado a sus padres. Estas pequeñas almas levantan pilitas de piedras para formar un puente y cruzar. Jizo es quien las protege de los demonios que intentan constantemente destruir su trabajo.

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Toda el área está sembrada de pilas de piedras y de ofrendas a Jizo: dulces, juguetes, bebidas, piedras con dibujos o nombres escritos y molinos de viento, que al parecer también ayudan a los niños en su travesía al otro mundo.

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El olor a azufre es terrible, pero caminar entre las pilas de piedra y las pequeñas imágenes de Jizo dispersas por todos lados es sobrecogedor. El templo Bodaiji debe ser uno de los más impresionantes que hemos visto hasta el momento.

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Lo recorremos en una hora y —aunque bien se le podría dedicar más tiempo— preferimos acercarnos a la parada de colectivo y tomar el que sale al mediodía porque no pasa con mucha frecuencia. Queremos llegar a Asamushi Onsen a tiempo para hacernos de un lugar en la playa y esperar los fuegos artificiales que se lanzarán más tarde.

El hanabi de esta noche servirá como apertura del Nebuta Matsuri, uno de los festivales de verano más impresionantes de Japón, al que tenemos pensado asistir dentro de unos días. El Nebuta Matsuri se celebra en la ciudad de Amori, pero los fuegos tienen lugar en Asamushi Onsen, un pueblo a las afueras, a orillas del mar.

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Llegamos a media tarde. Damos unas vueltas por los puestos del festival y compramos algo para comer. Miguel se ha vuelto a poner la remera de Argentina y otra vez acapara la atención de algunos puesteros que le dan charla. Alguno intenta decir un par de palabras en castellano.

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Miguel brinda con cerveza Asahi. Una bandera Argentina en el hanabi de Asamushi Onsen.

La playa está cerrada al público, porque es el lugar desde el que se lanzarán los fuegos. El parque que corre a lo largo ya empieza a llenarse de lonas. Yo he traído un pareo para reservar nuestro lugar.  Al lado se instala un grupo de chicos con sus novias. Las bolsas que traen son como la cartera de Mary Poppins, no dejan de sacar comida y bebida. Hasta se han traído una parrillita. Si bien nosotros ya hemos comprado algo para picar en los puestos, nuestros vecinos de lona —que tienen toda la onda— nos ofrecen ostra a la parrilla.

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Nuestros vecinos de lona, unos copados.

Comemos, nos dormimos una siesta y para cuando queremos acordarnos ya está oscureciendo y anuncian el inicio de los fuegos. Los fuegos artificiales de Asamushi Onsen, si bien son más pequeños que los de Tokyo, nos resultan más impresionantes. Tenemos una ubicación privilegiada, y se los puede apreciar mucho mejor.

Lamentablemente, tenemos que retirarnos antes de que termine. Y no somos los únicos. Muchos tenemos que llegar a tiempo a la estación para tomar los últimos trenes de regreso a pueblos cercanos desde los que hemos venido especialmente para el hanabi. En la estación, entre el techo de los andenes, los edificios y los vagones, vemos las últimas flores estallar en el cielo.

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