Cinco tesoros en nuestro estante de manga

Mi puerta de entrada a Japón fueron los libros, o más bien uno en particular: Mil grullas, de Yasunari Kawabata. De Kawabata pasé a Mishima, luego a Tanizaki y a Bashō, y de ahí salté al haiku y a la poesía clásica japonesa. Me puse a estudiar japonés, con la esperanza de poder algún día leer a mis poetas preferidos en su idioma; y empecé a interesarme por otras formas culturales, como el manga, el anime, el ukiyo, la música y el cine japonés.

En nuestros dos viajes a Japón compramos varios libros, que hoy esperan en la biblioteca a que tengamos la capacidad de abrirlos con otros fines que no sean simplemente admirar esa enigmática marea de kanji que inunda cada página, sin poder siquiera asomarnos a entender una línea completa.

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En otro estante descansan varios tomos de manga. El manga es todo un mundo, un mundo enorme, con una cantidad de géneros y subgéneros sorprendente. Para muchos —para la mayoría tal vez— el manga y el anime van de robots, épica fantástica y chicas mágicas con pelo de colores y ojos grandes, que no están mal, pero no son más que una parte, la pequeña parte que nos llega a nosotros por las vías comerciales masivas. En nuestro estante de manga no hay robots, ni monstruos, ni magos, ni chicas mágicas de ojos grandes.

Sakamichi no Aporon, de Kodama Yūki

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Sakamichi no Aporon (o Apolo en la pendiente) fue originalmente serializado en Flowers, una revista mensual josei. Las revistas josei, dirigidas a mujeres adultas, suelen incluir muchas historias románticas. Este manga, sin embargo, no lo es. Hay algo de romance, pero se trata de manera lateral, o más bien diría que sirve al desarrollo de la historia central, que gira en torno a la amistad entre dos jóvenes músicos de jazz. La historia trata acerca de la pasión por la música y de esas relaciones de amistad, tan especiales y poco frecuentes, que te acompañan toda la vida. Hermosa historia. Y si bien existe una adaptación al anime, con una muy buena banda sonora a cargo de Yōko Kanno, lo que más me impresionó de este manga, además de sus arte despojado y de sus personajes entrañables, es que incluso antes de ver el anime, dando vuelta a las páginas, podía escuchar jazz saliendo de los dibujos. Muy loco. Sakamichi no Aporon, mi preferido indiscutido.

Desu Nōto, de Ohba Tsugumi (historia) y Obata Takeshi (dibujos)

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Cuando era chica, miraba anime. Pero entonces no tenía ni idea de lo que estaba mirando. No sabía quién había inventado a Heidi, o que los robots de Mazinger Z en realidad eran manejados por jovencitos que hablaban japonés. El primer anime que miré consciente de que estaba mirando anime fue Desu Nōto. Y a Miguel y a mí nos gustó tanto, que cuando viajamos a Japón por primera vez nos compramos el manga completo. Fue serializado en Shōnen Jump, una de las revistas masculinas para adolescentes más populares de Japón. En este sí hay monstruos, o más que monstruos, dioses que se ven como monstruos: los shinigami, dioses de la muerte que definen el final de nuestras vidas escribiendo nuestros nombres en un cuaderno de la muerte. Uno de estos shinigami, aburrido allá en el limbo, tira su cuaderno a la Tierra con las instrucciones para usarlo, esperando que alguien lo levante. Le toca encontrarlo a un joven estudiante llamado Kira, al que se le ocurre la brillante idea de limpiar el mundo, de borrar de la Tierra a todos los delincuentes. Lo único que necesita es conocer sus caras y sus nombres, y escribir los nombres en el cuaderno con la imagen de la víctima en mente. Y chau, fuiste. Claro que su espíritu salvador se le sube a la cabeza, pierde el control. Y entonces aparece el personaje antagónico, un detective fanático de los dulces cuyo nombre es un enigma. Se hace llamar L. La trama del manga es la guerra que se entabla entre estas dos mentes brillantes, L que trata de atrapar a Kira, Kira que trata de matar a L. Me abstengo de continuar para no revelar cosas que no deben ser reveladas. En cualquier caso, el último tomo viene con un sobre negro cerrado. Cortando por la línea punteada uno puede acceder al secreto: dentro hay una tarjeta con el nombre real de L.

Watashitachi no shiawasena jikan, de Yumeka Sumomo

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Watashitachi no shiawasena jikan (que podría traducirse como Nuestras horas felices, o Nuestro tiempo de felicidad) es un manga seinen (dirigido en principio a un público masculino adulto) inspirado en una novela coreana de Gong Ji-Young. Originalmente serializado en la revista Comic Bunch, el manga completo fue luego publicado en un solo tomo. La tapa es engañosa, o más bien simbólica, porque los personajes prácticamente no tienen contacto físico. Después de un intento de suicido, una joven pianista es llevada por su tía monja a una cárcel donde ofrece contención espiritual a personas condenadas a muerte. La idea es que a partir del contacto con estas personas, aprenda a valorar su vida. Allí, la pianista conoce a un hombre que ha sido condenado a muerte por asesinato. A través de sus conversaciones conocemos la historia de estos dos personajes. El arte es hermoso, Yumeka Sumomo (que en este caso firma como Sahara Mizu, porque cambia de seudónimo dependiendo del género que publique) debe ser de mis mangakas preferidas en cuanto a estética se refiere. Muy buen manga, duro, de esos que sacan lágrimas.

Ano hi mita hana no namae wo bokutachi wa mada shiranai, de Mitzu Izumi

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Todavía no sabemos el nombre de la flor que vimos ese día, o —para el que le dé pereza el nombre completo— Esa flor (Ano hana). Un día se me ocurrió mirar la lista de los mejores anime de 2011, y este aparecía entre los primeros lugares. Y le sobraban méritos para estar ahí. Contrariamente a lo que suele ocurrir, en este caso el anime no está basado en un manga, sino al revés. El manga salió publicado un año después, en la revista Jump SQ. El arte es típicamente shōnen. Si bien tiene rasgos más aniñados que el de historias dirigidas a adultos, es de líneas simples, como es de esperarse de un trabajo serializado en una revista dirigida a un público masculino joven, a diferencia de la exuberancia rococó típica del manga para mujeres adolescentes. A un estudiante de secundario se le aparece el fantasma de una amiga de la niñez, Menma, que por algún motivo ha quedado atrapada en este mundo. Para ayudarla a pasar al más allá, se ve en la obligación de volver a reunirse con el grupo de amigos del que ambos formaban parte y que se ha separado, y no de la mejor manera. Todos han cambiado, ya nada es lo mismo desde la muerte de Menma. A lo largo del manga, vamos descubriendo por qué. Se recomienda leerlo con una generosa provisión de pañuelos descartables a mano… una historia tristísima, pero muy bien llevada. Me gustan las historias de niños fantasmas, me gustan y me entristecen en igual grado.

Chouyaku Hyakuninisshu: Uta Koi, de Sugita Kei

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Uta koi, una manga lleno de historias de amor. Pero no se trata de amores cualquiera. Son historias de amor entre los poetas de la corte Heian. Cada capítulo se construye en torno a uno de los poemas amorosos del Hyakunin Isshu, una de las antologías más importantes de poesía clásica japonesa, y de la aventura amorosa que dio lugar a cada poema, o una versión más bien libre de esa historia. Si bien los personajes son poetas que existieron y muchas de las historias tienen un viso de verdad, los acontecimientos no se dieron estrictamente del mismo modo, y en ocasiones se parecen en poco y nada o se inspiran en leyendas, más que en hechos reales. Sin embargo, sí se logran transmitir el espíritu de la poesía amorosa clásica, la forma de vida de la corte, las prácticas que había en torno al cortejo y a la creación de poesía en el período Heian. Un manga hecho a mi medida. Las páginas de Uta koi encierran poemas de Ariwara no Narihira, Ono no Komachi, Sei Shonagon y Murasaki Shikibu, entre mucho otros. Y nos encontramos con la edición limitada del primer tomo, a cuatro tintas. Cómo no traerlo conmigo a Argentina, especialmente teniendo en cuenta que este manga —menos conocido que los anteriores— no parece haber despertado interés en ninguno de los muchos grupos que se dedican a traducir manga y compartir sus traducciones en Internet, ni soñar con conseguirlo publicado en papel en idioma castellano.

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