PRIMAVERA EN JAPÓN – DÍA 6 (Kamakura)

viernes 2 de abril

Nuestro viaje a Kamakura se está complicando. Ha habido algún tipo de problema que escapa por completo a nuestro entendimiento, y algunas líneas de tren no están operando con normalidad. Nuestro tren viene con demora, y en el andén se ha acumulado una cantidad impresionante de personas. Día de semana, en horario pico, sumado a la inhabitual demora: una pesadilla. Tenemos que dejar pasar un tren, pero sí nos podemos subir al siguiente, aunque viajamos apretados gran parte del trayecto.

Cuando llegamos a Kamakura está lloviznando, y se ha levantado bastante viento. Por suerte, nuestro hotel queda justo al lado de la estación. Dejamos los bolsos, reforzamos el abrigo y salimos a pasear.

10 002 - Daibatsu - Kamakura

Empezamos el recorrido por el plato fuerte de Kamakura, el Daibutsu, una imponente estatua de bronce de Buda sentado. Las hay más grandes, pero tanto la estatua de Kamakura como su entorno son muy bellos, por lo que resulta de visita obligada.

La estatua es hueca y se puede entrar por el módico precio de 20 yenes (dos pesos), que se suman a los 200 yenes (veinte pesos) que pagamos para entrar al templo donde se encuentra.

10 013 - Daibatsu - Kamakura 10 018 - Daibatsu - Kamakura

Kamakura es considerada la pequeña Kyoto. Construida a semejanza de la antigua capital imperial, reúne una cantidad de templos y santuarios sorprendente. Es imposible verlos todos en un día. Nosotros, además del templo que aloja el Daibutsu, hemos elegido otros dos y un santuario.

Cerca del Buda está Hasedera, un templo de la secta Jodo, famoso por su estatua de Kannon, mal llamada diosa de la misericordia. El budismo no es una religión teísta, por lo que no sería adecuado hablar de un dios o dioses budistas. Kannon es en realidad es una bodhisattva, alguien que ha seguido con éxito el camino de Buda, el camino de la iluminación.

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El templo está rodeado de hermosos jardines, con rincones plagados de pequeñas estatuillas de Buda, y vista hacia la playa de Kamakura.

A un lado, se puede ingresar a una cueva a través de un torii rojo, propio del shintoísmo. La cueva está dedicada a una figura adorada tanto en el budismo japonés como en el shintoísmo: Benzaiten, a quién se la asocia con la belleza femenina y la riqueza. Se la suele representar sosteniendo un biwa.

10 046 - Hase-dera - Kamakura

El segundo templo que visitamos es el Kenchoji, el más antiguo de Kamakura. Data del año 1253. Se destacan su enorme campana de bronce, considerada tesoro nacional, dos edificios de madera donde se encuentran las imágenes de Buda y Kannon, y su jardín.

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Cerramos la tarde en el santuario más importante de Kamakura, el santuario Tsurugaoka Hachimangu dedicado a Hachiman, una deidad muy compleja porque su naturaleza ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Es el dios de la guerra, patrono tutelar de los samurái y en especial del clan Minamoto, protector de Japón y del pueblo japonés, y asociado también con la cultura, la escritura, la agricultura y la pesca. Convertido en Bodhisattva a partir del siglo XVIII, porque también ha sido incorporado al budismo, es representado en posición de meditación, vistiendo una túnica de monje budista. Se lo identifica con el emperador Ojin (ancestro del clan Minamoto), deificado tras su muerte en el siglo IV como Hachiman. En el santuario Tsuguraoka están guardadas su alma deificada, la de su madre, la emperatriz Jingo y la de su esposa Himegami, ambas deificadas también.

10 128 - Tsurugaoka Hachimango - Kamakura 10 126 - Tsurugaoka Hachimango - Kamakura

Se llega al santuario subiendo unas escaleras. Pero antes, a sus pies hay un escenario para presentaciones de música y danza durante las festividades, y donde se celebran ceremonias de boda según la tradición shintoísta. Tenemos la suerte de presenciar dos bodas. La primera resulta especialmente llamativa, porque se trata de un matrimonio mixto entre una mujer japonesa y un hombre escocés. Él está vestido según la tradición de Japón, pero toda su familia lleva la típica falda escocesa. Es curioso ver cómo todos los occidentales dirigimos nuestras cámaras hacia la novia, mientras los japoneses se concentran en fotografiar a la familia escocesa.

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Desde el santuario cruzamos un parque lleno de estandartes blancos, y recorremos un boulevard de cerezos hasta el hotel. En el camino, nos metemos en un supermercado a comparar algo para la cena.

10 144 - Tsurugaoka Hachimango - Kamakura 10 160 - Kamakura

Hemos dejado nuestro equipaje guardado en el hotel, pero todavía no hemos podido hacer el check-in. La oficina de check-in es una garita en medio del parking, que cobra también el estacionamiento. Toda una pared del establecimiento está ocupada por un cartel enorme, ya viejo y gastado por el paso del tiempo. Todavía se llegan a distinguir un dibujo del hotel y una foto de Akutagawa. Nos preguntamos qué relación puede haber entre ambos.

11 002 - hotel - Kamakura
Esta será nuestra primera noche en una habitación de estilo japonés. Todos los hoteles en Japón tienen pavas eléctricas, cuencos de cerámica y saquitos de té verde en las habitaciones. Preparamos té y armamos la mesa para cenar. Vestidos de yukata, provistos también por el hotel, cenamos sushi, pulpo y cerdo con cerveza Asahi: una picadita a la japonesa.

Nos pegamos un baño. La habitación tiene baño privado, pero al estilo japonés. O sea, el toilet está separado del baño, en dos espacios completamente separados y enfrentados por un pasillo. Tiene su explicación. El baño es un lugar muy importante para los japoneses, es el lugar más limpio de la casa, el lugar donde uno se purifica. No puede compartir espacio con el lugar que ellos, contrariamente, consideran el lugar más sucio. Esto ya ha cambiado, pero en las casas y hoteles tradicionales es frecuente que el baño esté separado completamente, incluso fuera de la habitación. Pero ya hablaré en otra oportunidad de los baños compartidos de los ryokan y de los onsen.

10 204 - Hotel - Kamakura

Después de un día agitado, armamos nuestro futones y yo me acuesto temprano. Miguel cierra el shoji (las puertas corredizas de papel) y se queda del otro lado, de cara un ventanal que da a la calle, leyendo Sumotori, de Gail Tsukiyama.

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