PRIMAVERA EN JAPÓN – DÍA 12 (Osaka)

jueves 8 de abril

Las próximas dos noches las pasaremos en Osaka. Como luego volveremos a Kyoto, decidimos dejar nuestras valijas en un locker de la estación y retirarlas al regreso, así viajamos ligeros de equipaje. Antes de tomarnos el shinkansen, pasamos para la panadería. Ya se ha vuelto un ritual comprar facturas en la estación de Kyoto. Todas las mañanas compro una de sakura (que se vende únicamente durante la primavera) y una de té verde. Miguel es más tradicional y no se anima a esos sabores y colores raros.

El viaje se hace en un suspiro. Pero una vez en Osaka, hay que hacer varias conexiones para llegar a la zona de nuestro hotel. En un momento de apuro nos subimos al tren equivocado y terminamos en Universal. No nos interesa visitar Universal en este viaje, así que otra vez tren. Tanta ida y vuelta, terminamos iniciando nuestro recorrido por la ciudad cerca del mediodía.

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Empezamos por el Castillo de Osaka, aunque en realidad nos limitamos a mirarlo desde fuera, nos han dicho que no vale mucho la pena entrar. Sí nos detenemos a admirar la muralla, especialmente bella en esta época del año por los árboles de cerezo que la bordean. Nos llaman la atención los sarariman trajeados que se detienen de camino al trabajo para sacar fotos a las flores de sakura con sus celulares.

En el parque que rodea el castillo hay un mercado de flores. Se han montado puestos donde venden plantas en masetas, semillas, bonsáis y hasta pequeños cerezos. Cómo me gustaría poder llevarme uno.

Acercándonos más a la zona de nuestro hotel, hacemos una segunda parada en el templo Shitenno-ji. Al parecer, es uno de los más antiguos de Japón y la cantidad de tortugas que hay en un estanque llama la atención. Deben de ser importantes estas tortugas porque incluso hay un puesto donde venden galletas con forma de tortuga a la salida del templo.

Al atardecer visitamos un pequeño museo de ukiyo-e y luego damos una vuelta por las calles más animadas de Osaka, en la zona Dotonbori (dentro del distrito de entretenimiento de Nanba). Todas las chicas gal que extrañamente no hemos visto en Tokyo, parecen estar  aquí, en las calles de Osaka. Y nos cruzamos también con varios hosts, pues esta zona está repleta de los famosos host-clubs.

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En una de las callejuelas de Dotonbori, descubrimos un bolichón de comida rápida japonesa de los que ya hablé en algún otro posteo, ramen en este caso. Tiene una máquina expendedora en la vereda, donde uno elige y paga el plato que va a pedir. La máquina entrega un ticket que uno luego cambia en la barra por su plato de fideos.

Después de cenar, nos vamos para el hotel, que está ahí nomás, cruzando el río Dotonbori, en la calle Soemon-cho. Desde fuera se ve como cualquier otro edificio moderno, pero las habitaciones son tradicionales y hay un ofuro para quien quiera bañarse al estilo japonés. Nuestra habitación da al río. Fuera de la zona del tatami, junto a la ventana, hay una mesita con dos pequeños sillones. Terminamos el día sentados ahí, tomando un té verde y  mirando las luces de neón reflejadas en el agua del río.

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