Cinco alojamientos tradicionales

La variedad de opciones de alojamiento que ofrece Japón es enorme. Hoteles y pensiones de estilo occidental o japonés, desde una habitación común y corriente en un hotel como el de cualquier lugar del mundo, hasta un sillón en un manga café o un colchón metido en un hueco en la pared de algún hotel cápsula. Hay opciones para todos los gustos y bolsillos.

Ya hablaremos de alojamiento económico, pero hoy me quiero detener en formas de vivir el Japón tradicional por la noche, cuando uno vuelve de patear la ciudad y absorber información a lo loco, cuando uno se guarda y se dispone a recuperar energías para volver a correr al día siguiente. Acá va mi lista de cinco opciones de alojamiento tradicional en Japón.

Ryokan

Caminar descalzos por el tatami (es más suave y cálido de lo que uno se imagina), dormir en un futón sobre el suelo (también resulta mucho más cómodo de lo que uno podría pensar), darse una ducha y meterse en el agua caliente del ofuro comunitario (superada la timidez, es una experiencia agradable y relajante).

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Estas son algunas de las experiencias que se pueden vivir en un ryokan, acaso la forma de alojamiento tradicional más conocida de Japón. Hay muchos tipos de ryokan; pero, en líneas generales, podemos decir que se caracterizan por sus habitaciones de estilo japonés —con suelo de tatami y paneles corredizos— y, en muchos casos, por sus baños comunitarios. Hay opciones de lujo que ofrecen baños termales y banquetes de comida japonesa para la cena y el desayuno. En otros, las comidas son opcionales. Los hay también económicos, que ofrecen los servicios mínimos de hospedaje. Algunos tienen baños privados con ducha, además del ofuro o baño compartido. La variedad es amplia, y el precio es distinto según la zona y el tipo de ryokan en el que uno se aloje.

Onsen

Los onsen son baños termales. Hay dos maneras de entrar a uno: ir a una casa de baños termales (que son como baños públicos pero con agua de propiedades especiales) o alojarse en un hotel que lo tenga.

Estos hoteles, que pueden ser modernos o tradicionales (ryokan con onsen), ofrecen yukata y geta para sus huéspedes. En muchas zonas de actividad volcánica hay pueblos famosos por sus onsen, en los que es común ver a la gente caminando en yukata por las calles. Los hoteles suelen tener varios baños, internos y al aire libre, generalmente para hombres y para mujeres por separado. En algunos, se pueden reservar pequeños baños para uso privado en determinados horarios, y los hay de lujo con ofuro de uso exclusivo en las habitaciones. En muchos es posible usar los baños sin hospedarse, pagando una entrada para uso diurno.

Nosotros pasamos una noche en un onsen de Hakone, pero debo confesar que no lo aprovechamos del todo. Fue durante nuestro primer viaje, la falta de información y nuestro pudor occidental nos jugaron en contra. Queda pendiente para una próxima oportunidad. Ya tengo elegidos mis preferidos: Nyuto en Senboku (Akita),  Nozawa en Nagano y Kusatsu en Gunma.

Machiya

A las residencias particulares construidas en estilo tradicional se las llama minka (“casas de la gente”). Hay varios tipos; entre ellos, el machiya. Los machiya son viviendas urbanas. Con esta palabra, de machi (ciudad o poblado) y ya (casa), se designa a las casas de madera en las que vivían comerciantes y artesanos ya desde el período Heian. Se las encuentra en todo Japón, pero son especialmente típicas de Kyoto, y de la zona de Higashiyama en particular.

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Muchas de estas casas funcionan hoy como hospedaje. Lo interesante de esta opción es que, en la mayoría de los casos, lo que uno está alquilando es una pequeña casa, con cocina, baño y hasta ofuro privado. Esta opción ofrece mucha independencia y encanto. Y, en el caso de Kyoto, la zona de Higashiyama (que es donde se concentra la mayor cantidad) es ideal, por la comodidad de su ubicación y porque es un barrio hermoso.

Minka de estilo gassho-zukuri

Así como hay residencias tradicionales urbanas, las hay también rurales o de granja. Se las llama noka. Resultan de especial interés las de estilo gassho-zukuri, localizadas en las aldeas arroceras del centro de Japón, en las zonas de Gifu y Gokoyama, y designadas patrimonio de la humanidad.

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Las más famosas son las de la aldea Ogimachi, en Shirakawago. Algunas de ellas funcionan como museos, otras ofrecen alojamiento. Pero además de esta aldea, hay varias otras más pequeñas, donde uno también puede alojarse. Y esa es la opción que recomiendo, porque la tranquilidad que se vive en esas aldeas más alejadas (Ainokura, por ejemplo) no tiene comparación.

Al igual que los ryokan, suelen ofrecer comidas con platos típicos de la zona y de la estación, tanto para la cena como para el desayuno. Las habitaciones son tradicionales, con suelo de tatami, futones para dormir y paneles corredizos. Sí. Paneles corredizos separaban nuestra habitación de la sala principal de la casa (donde estaba la hoguera interior) y de la habitación de los huéspedes norteamericanos con quienes compartimos nuestra estadía.

Templo budista

¿Qué nos estaría faltando? Dormir en un templo.

Resulta que también eso es posible. Nosotros paramos un par de noches en un templo de Kyoto, donde —además— asistimos a una sesión de meditación por la mañana. No son muchos los templos en los que uno puede alojarse, pero los hay en lugares como Kyoto, Nara, Nagano y el Monte Mitake, cerca de Tokyo, por ejemplo. Sin embargo, el lugar por excelencia es el Monte Koya, al sur de Osaka, una zona de peregrinaje donde decenas de templos ofrecen hospedaje.

Una de las ventajas de alojarse en un templo es que se tiene acceso a zonas cerradas al público. De hecho, el templo en el que paramos nosotros no está abierto a visitas turísticas y solo puede ser recorrido por los huéspedes y las personas que participen en las ceremonias y actividades del templo. El templo no era muy grande, pero en las salas que daban al jardín donde se medita, había unos hermosos paneles dorados, pintados por Eigaku Kano y considerados uno de los tesoros del templo.

Alojarse en un templo suele incluir cesiones de meditación, shodo, o la observación e incluso participación en las plegarias matutinas. Muchos templos ofrecen también comidas, muy parecidas a las de algunos ryokan (con una gran variedad de platos pequeños), pero vegetarianas. Cómo perdérse esta experiencia, ¿no?

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