Un ojo para nuestro daruma

Cuando visitamos Miyajima, durante nuestro último viaje a Japón, nos compramos un daruma. Nos encantan los daruma.  Este muñeco, que representa al fundador del budismo zen Bodhidharma (o Daruma en japonés), es un amuleto especial. A diferencia de otros amuletos, estos ayudan a cumplir objetivos. No estamos hablando de deseos, sino de objetivos que implican un esfuerzo por parte nuestra. La tradición es pintarle un solo ojo cuando nos hemos propuesto algo, y conservarlo como recordatorio de lo que queremos lograr para que nos sirva como estímulo y fuente de energía. Una vez alcanzado el objetivo, se le pinta el otro ojo como agradecimiento y para festejar, porque ha de ser gratificante el momento de confirmar que todo nuestro trabajo ha rendido frutos.

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Año Nuevo se dice Oshōgatsu

A modo de agenda, de ayuda memoria, o simplemente para seguir viajando (aunque más no sea desde mi casa) voy a iniciar una nueva sección en el blog en la que dejaré asentados los lugares de Japón que me gustaría visitar algún día, las cosas que todavía tengo pendientes de hacer, los momentos con los que sueño. Y para inaugurar la sección, vamos a imaginar un Japón invernal.

Cuando uno piensa en el invierno japonés, suele pensar en Sapporo, las esculturas de hielo, los festivales de nieve. Hay varios festivales de invierno en el norte de Japón a los que me gustaría asistir.

Pero hay otro momento invernal tan fascinante como ese, el que más ganas me dan a mí de vivir: el Oshōgatsu, o Año Nuevo japonés.

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