Cinco libros de Japón

En un posteo anterior hice referencia a los libros japoneses que esperan en nuestra biblioteca a que hayamos adquirido los conocimientos indispensables para atrevernos a abrirlos. Quizás algún día podamos hacerlo, quizás no… en cualquier caso, si nunca llegamos a leerlos, no será porque no los tengamos a nuestra disposición. Ahí están esperando, e incentivándonos día a día para que sigamos estudiando japonés.

Difícilmente se pueda recomendar algo que todavía no se ha leído, así que esta selección de mis cinco compras preferidas  (porque no son en realidad cinco libros, sino más) no es tanto una recomendación, como una declaración de intención.

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PRIMAVERA EN JAPÓN – DÍA 5 (Tokyo)

jueves 1 de abril

Nuestro primer intento de ver teatro kabuki: un fracaso. Hemos vuelto a Ginza para consultar por las funciones, y nos han dicho en el teatro que hoy no hay. Pero volveremos en unos días, después de una escapada que tenemos pensado hacer a Kamakura y Hakone.

A falta de teatro, decidimos tomar el subte hacia la zona de la Torre de Tokyo. Al igual que los dos días anteriores, compramos un pase de subte para todo el día. Es bastante más económico que comprar los tramos por separado.

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No tenemos un interés espacial por subir a la torre, por lo que nos limitamos a mirarla de afuera, y seguimos camino hacia el templo Zojo-ji, que está a unos pocos metros. Abril en Japón es época de cerezos, y los hay por todos lados, ramas plenas de flores blancas o rosadas. Y duran muy poco, apenas un par de semanas. En la zona de la torre y del templo Zojo-ji ya empiezan a volar los primero pétalos.

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Cinco tesoros en nuestro estante de manga

Mi puerta de entrada a Japón fueron los libros, o más bien uno en particular: Mil grullas, de Yasunari Kawabata. De Kawabata pasé a Mishima, luego a Tanizaki y a Bashō, y de ahí salté al haiku y a la poesía clásica japonesa. Me puse a estudiar japonés, con la esperanza de poder algún día leer a mis poetas preferidos en su idioma; y empecé a interesarme por otras formas culturales, como el manga, el anime, el ukiyo, la música y el cine japonés.

En nuestros dos viajes a Japón compramos varios libros, que hoy esperan en la biblioteca a que tengamos la capacidad de abrirlos con otros fines que no sean simplemente admirar esa enigmática marea de kanji que inunda cada página, sin poder siquiera asomarnos a entender una línea completa.

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En otro estante descansan varios tomos de manga. El manga es todo un mundo, un mundo enorme, con una cantidad de géneros y subgéneros sorprendente. Para muchos —para la mayoría tal vez— el manga y el anime van de robots, épica fantástica y chicas mágicas con pelo de colores y ojos grandes, que no están mal, pero no son más que una parte, la pequeña parte que nos llega a nosotros por las vías comerciales masivas. En nuestro estante de manga no hay robots, ni monstruos, ni magos, ni chicas mágicas de ojos grandes.

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