PRIMAVERA EN JAPÓN – DÍAS 16 y 17 (Kanazawa)

domingo 11 y lunes 12 de abril

Nos toca despedirnos de Kyoto. Después de nuestro paso obligado por la panadería, para comparar mis facturas de flor de cerezo, nos dirigimos hacia la plataforma de trenes donde nos tomaremos el Ltd. Exp. Thunderbird hacia Kanazawa, en la costa oeste de Japón.

El viaje dura poco más de dos horas. Llegamos antes del mediodía, dispuestos a disfrutar la tarde. Por desgracia, Kanazawa nos recibe con una lluvia torrencial.

Hecho el check-in, intentamos dar una vuelta, aunque más no sea por las cercanías del hotel. Nos detenemos en las vidrieras de varias tiendas de kimonos. Kanazawa es famosa por sus hermosos kimonos teñidos a mano. Pero la lluvia es tan frente que pronto tenemos que tomar refugio en un McDonald’s. Me pido un menú especial de Japón, con una suerte de hamburguesa de gambas, langostinos o algo por el estilo. Miguel va por una opción más tradicional. Comemos a la espera de que el clima mejore un poco, pero no tenemos suerte. Hoy nuestro paseo se limitará al McDonald’s y al shopping de la estación, que está al lado del hotel, antes de recluirnos definitivamente en nuestra habitación. A favor, no viene mal acostarse temprano y recuperar energías despúes de medio mes tan agitado.

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Cinco lugares para contemplar la floración del cerezo

Si uno viaja a Japón en primavera, no es necesario salir a buscar cerezos en flor para verlos. Están por todas partes. Dos pasos, un cerezo. Cerezos de flores blancas o rosadas, veredas cubiertas de pétalos, pétalos en la calle, pétalos volando por el aire. Sararimen trajeados de camino a sus trabajos se detienen bajo un árbol para fotografiar una rama. La gente saca fotos con sus celulares, hace picnics en las plazas. Las plazas llenas de puestitos de comida, lonas celestes a la sombra del sakura, y la gente de picnic durante dos semanas, que es lo que dura la floración. Es como el día de la primavera multiplicado por catorce, y extendido a todas las edades, porque no solo los jóvenes se reúnen en los parques. Para aquellos que amamos la poesía, la fiesta excede la bandejita de sushi y la lata de cerveza. El sakura nos remonta a los cinco versos del tanka, a las grandes poetas de la corte, nos recuerda las voces de Komachi y Murasaki, las entradas en el diario de Sei Shonagon. Nos acerca al antiguo arte de la contemplación.

sakura

Dos pasos, un cerezo. Pero hay lugares donde contemplarlos es espectacular, lugares donde los cerezos se reúnen en mareas, en largos túneles rosados. Acá va mi sugerencia de cinco lugares para disfrutarlos. Mi lista es arbitraria. Han quedado fuera algunos como el parque Goryokaku en Hakodate, o el pueblo de Kakunodate, todo él, famoso por sus cerezos. Mis cinco lugares para admirar la floración del cerezo están condicionados por aquellos que hemos visitado, por la caprichosa consigna de “cinco” que me he impuesto, y por mi intención de salpicar el mapa de Japón con mi recomendación: cinco flores de sakura en cinco ciudades distintas.

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VERANO EN JAPÓN – DÍA 18 (Hakodate)

viernes 31 de julio

Esta mañana nos tomamos un tranvía en sentido contrario al de ayer. Vamos al Parque Goryokaku. En primavera el parque se llena de flores de cerezo, y es uno de los puntos preferidos para celebrar en hanami. En esta época todo es verde, salvo por las flores de loto en los fosos de la muralla que rodea el parque.

r 04. 31jul. Hakodate - Goryokaku Park r 12. 31jul. Hakodate - Goryokaku Park

Dentro se encuentran las antiguas oficinas del shogunato, que se pueden visitar. Sacamos nuestra entrada en una máquina expendedora de tickets. Japón, el país de las máquinas expendedoras: largas filas de máquinas expendedoras de gaseosas en las veredas, gachapon que escupen juguetes, y hasta máquinas para elegir menú en un restaurante o para sacar entrada a un museo. La arquitectura externa de las oficinas del shogunato es muy bella, pero el interior de otros edificios nos ha gustado más. Los años y el uso dotan de belleza a este tipo de edificaciones, y esta se ve demasiado nueva, demasiado restaurada, casi como un set. Pero parte del recorrido, en el que se explican las tareas de restauración, nos resulta interesante. Entre otras cosas, se pueden ver y probar los intrincados encastres que se usaron para armar el techo.

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